Vivimos una vida completa creyendo que aprendimos a leer y escribir en los primeros cursos de la escuela básica. Muchos llegamos a la educación superior imaginando que sabemos leer y escribir bastante bien. Pero de pronto, nos topamos con un texto como el del Sr. Jaime Nubiola. Comenzamos a leerlo por encargo, y con el paso de los párrafos nos damos cuenta que lo que hemos estado haciendo todas nuestras vidas no es más que transcribir ideas. Es en ese momento en que muchos nos damos cuenta de que podemos sacarles un real provecho a los dones que poseemos; los dones de leer y del arte de escribir.
Eso es precisamente lo que el libro Taller de la Filosofía ha hecho por mí. He leído algunos capítulos y me he dado cuenta de que hay un potencial para el lenguaje comunicativo en cada uno de nosotros. Nacemos con una habilidad innata para el lenguaje, para comunicarnos. Pero entonces ¿por qué razón sólo algunos llegan a desarrollar ésta habilidad? Espero encontrar una respuesta a ésta pregunta en mi búsqueda del pensamiento, en mi búsqueda por aprender a escribir, en mi búsqueda por sacar ese potencial para crear genial escritura. Esto es lo que a partir de sus enseñanzas planeo hacer.
Hay muchas partes del capítulo 2 del ya nombrado libro que me gustaría destacar, pero hay una que me ha inspirado claramente; la verdad de la escritura.
La verdad es algo que siempre he buscado aunque no siempre he cumplido. Es tan difícil ser verdaderos en una sociedad que nos empuja a la mentira. Hoy en día es más simple “adornar” la verdad para no meterse en problemas que ser honestos.
Es por esta razón que estoy de acuerdo con el Sr. Nubiola cuando él plantea que la escritura es un modo de aclarar nuestros problemas. Y que es mucho más fácil solucionar una situación problemática con alguien cuando esto se hace por escrito. Pienso en lo mucho que la escritura me ha ayudado en mi relación con mi novio. Él es norteamericano por lo que no compartimos el mismo idioma. Ambos manejamos el idioma del otro. Ambos hemos vivido en el país del otro. Ambos conocemos bastante de la cultura del otro. Y aún así hay cosas que al hablar cara a cara nos causan problemas de entendimiento que solucionamos con un simple mensaje de correo. Ya que el escribir nos hace más fácil la tarea de ser “verdaderos”, de ser transparentes con respecto a lo que queremos del otro.
La verdad que podemos transmitir con la escritura es tan poderosa gracias al tiempo que el tener que escribirla nos da.
Los textos orales que han sido previamente escritos gozan de una claridad que los hace más verdaderos. Esta claridad ayuda a que estos textos finalmente se vuelvan importantes para nosotros por llegarnos directo al corazón. Pienso en las letras de las canciones, y en como nos identificamos con ellas, especialmente cuando nos es difícil encontrar las palabras adecuadas para expresar lo que sentimos, una canción nos facilita la tarea.
Últimamente me he encontrado coleccionando letras de canciones que comparto con mi novio que se encuentra lejos. Estas colecciones de palabras se han vuelto un incentivo en nuestra relación. Nos han inspirado a crear nuestros propios escritos que se han vuelto nuestras propias colecciones. Eso es lo lindo de la escritura. Escribir para uno, pero también escribir para otro al que se le tiene cariño. Escribir para expresarnos, y escribir para pensar y analizar nuestras ideas y sentimientos.
Cuando escribimos para expresarnos podemos sacar la verdad más profunda desde el fondo de nuestro ser, como dice Isabel Allende, sacar la historia de la entrañas. Porque cuando escribimos desde las entrañas, cuando dejamos la verdad fluir por nuestros dedos sentados frente a nuestros computadores hacemos que la labor sea agradable. Ésta labor se volverá más complicada sólo cuando como buenos escritores, nos convertimos en buenos críticos de nuestro trabajo.
Al ser críticos de nuestro trabajo logramos convertir una pieza que puede ser un simple email, en una obra de arte, en algo significativo para el lector, en algo lleno de verdad.
Escribir algo significativo para nuestros lectores es una de las cosas más importantes. Viviendo en una sociedad como la nuestra, donde día a día se publican diarios y revistas llenos de mentiras, de verdades adornadas, de verdades a medias, el lector se encuentra hambriento de verdad. Ese tipo de escritura que abunda en los kioscos es el tipo de escritura del que debemos de huir nosotros como aprendices del arte de escribir. Y es por esta razón que es tan importante que escribamos sobre lo que sabemos.
Si escribimos desde la experiencia, siempre estaremos escribiendo algo verdadero. Debemos recordar que se escribe porque se desea comunicar lo que se sabe, lo que se tiene adentro, lo que se siente. Y para lograr expresar verdaderamente lo que tiene adentro se debe ser claros. Pero, ¿cómo ser claros? Imaginando un contexto que incluya lectores, lugares, experiencias previas de nuestros lectores, etc. El contexto así se vuelve esencial. Es el que nos hace escribir de una forma determinada. Es el que nos ayuda a saber quien somos y luego, a aprender a escribir.
Una vez que aprendemos a escribir, podemos incentivar a otros a hacer lo mismo. Y comunicando de manera escrita el saber escribir es como lograremos una sociedad más llena de verdad.
Eso es precisamente lo que el libro Taller de la Filosofía ha hecho por mí. He leído algunos capítulos y me he dado cuenta de que hay un potencial para el lenguaje comunicativo en cada uno de nosotros. Nacemos con una habilidad innata para el lenguaje, para comunicarnos. Pero entonces ¿por qué razón sólo algunos llegan a desarrollar ésta habilidad? Espero encontrar una respuesta a ésta pregunta en mi búsqueda del pensamiento, en mi búsqueda por aprender a escribir, en mi búsqueda por sacar ese potencial para crear genial escritura. Esto es lo que a partir de sus enseñanzas planeo hacer.
Hay muchas partes del capítulo 2 del ya nombrado libro que me gustaría destacar, pero hay una que me ha inspirado claramente; la verdad de la escritura.
La verdad es algo que siempre he buscado aunque no siempre he cumplido. Es tan difícil ser verdaderos en una sociedad que nos empuja a la mentira. Hoy en día es más simple “adornar” la verdad para no meterse en problemas que ser honestos.
Es por esta razón que estoy de acuerdo con el Sr. Nubiola cuando él plantea que la escritura es un modo de aclarar nuestros problemas. Y que es mucho más fácil solucionar una situación problemática con alguien cuando esto se hace por escrito. Pienso en lo mucho que la escritura me ha ayudado en mi relación con mi novio. Él es norteamericano por lo que no compartimos el mismo idioma. Ambos manejamos el idioma del otro. Ambos hemos vivido en el país del otro. Ambos conocemos bastante de la cultura del otro. Y aún así hay cosas que al hablar cara a cara nos causan problemas de entendimiento que solucionamos con un simple mensaje de correo. Ya que el escribir nos hace más fácil la tarea de ser “verdaderos”, de ser transparentes con respecto a lo que queremos del otro.
La verdad que podemos transmitir con la escritura es tan poderosa gracias al tiempo que el tener que escribirla nos da.
Los textos orales que han sido previamente escritos gozan de una claridad que los hace más verdaderos. Esta claridad ayuda a que estos textos finalmente se vuelvan importantes para nosotros por llegarnos directo al corazón. Pienso en las letras de las canciones, y en como nos identificamos con ellas, especialmente cuando nos es difícil encontrar las palabras adecuadas para expresar lo que sentimos, una canción nos facilita la tarea.
Últimamente me he encontrado coleccionando letras de canciones que comparto con mi novio que se encuentra lejos. Estas colecciones de palabras se han vuelto un incentivo en nuestra relación. Nos han inspirado a crear nuestros propios escritos que se han vuelto nuestras propias colecciones. Eso es lo lindo de la escritura. Escribir para uno, pero también escribir para otro al que se le tiene cariño. Escribir para expresarnos, y escribir para pensar y analizar nuestras ideas y sentimientos.
Cuando escribimos para expresarnos podemos sacar la verdad más profunda desde el fondo de nuestro ser, como dice Isabel Allende, sacar la historia de la entrañas. Porque cuando escribimos desde las entrañas, cuando dejamos la verdad fluir por nuestros dedos sentados frente a nuestros computadores hacemos que la labor sea agradable. Ésta labor se volverá más complicada sólo cuando como buenos escritores, nos convertimos en buenos críticos de nuestro trabajo.
Al ser críticos de nuestro trabajo logramos convertir una pieza que puede ser un simple email, en una obra de arte, en algo significativo para el lector, en algo lleno de verdad.
Escribir algo significativo para nuestros lectores es una de las cosas más importantes. Viviendo en una sociedad como la nuestra, donde día a día se publican diarios y revistas llenos de mentiras, de verdades adornadas, de verdades a medias, el lector se encuentra hambriento de verdad. Ese tipo de escritura que abunda en los kioscos es el tipo de escritura del que debemos de huir nosotros como aprendices del arte de escribir. Y es por esta razón que es tan importante que escribamos sobre lo que sabemos.
Si escribimos desde la experiencia, siempre estaremos escribiendo algo verdadero. Debemos recordar que se escribe porque se desea comunicar lo que se sabe, lo que se tiene adentro, lo que se siente. Y para lograr expresar verdaderamente lo que tiene adentro se debe ser claros. Pero, ¿cómo ser claros? Imaginando un contexto que incluya lectores, lugares, experiencias previas de nuestros lectores, etc. El contexto así se vuelve esencial. Es el que nos hace escribir de una forma determinada. Es el que nos ayuda a saber quien somos y luego, a aprender a escribir.
Una vez que aprendemos a escribir, podemos incentivar a otros a hacer lo mismo. Y comunicando de manera escrita el saber escribir es como lograremos una sociedad más llena de verdad.

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